Perú

ESPECIAL ARQUEOLOGÍA

hombres de las nubes

Lo sorprendente de los chachapoyas o «indios blancos», como los definió el cronista español Cieza de León por sus rasgos casi caucasianos y su tez pálida, es que escogían lugares imposibles para construir sus viviendas y ciudadelas. Los restos de las fachadas redondas de sus casas se pueden ver literalmente colgados en acantilados y paredes verticales que desafían a las leyes físicas.

Texto | Fotos: José Manuel Novoa

Hay arqueólogos, como Federico Kauffmann Doig, que sitúan en los Andes el origen de estos indios de las alturas. Otros, como Sonia Guillen o Klaus Koschmieder piensan que provenían de la selva amazónica. Los chachapoyas colonizaron un territorio de ceja de selva, entre 2.500 y 3.500 metros de altitud, en el actual distrito peruano de Amazonas.

Lo sorprendente de estos «indios blancos», como los definió el cronista español Cieza de León, por sus rasgos casi caucasianos y su tez pálida, es que escogían lugares imposibles para construir sus viviendas y ciudadelas. Los restos de las fachadas redondas de sus casas se pueden ver literalmente colgados en acantilados y paredes verticales que desafían a las leyes físicas.

Más espectacular si cabe, es su arquitectura funeraria. Las llamadas chulpas, habitaciones en las que depositaban a sus muertos. Las construían en paredes cortadas a pico a cientos de metros de altura, para preservar a sus difuntos de posibles profanaciones y saqueos. También instalaban sarcófagos confeccionados con cañas y barro, en repisas inaccesibles, en los que alojaban los fardos funerarios de los personajes más notables de la elite.

Cadáveres en el abismo

Todavía no existe una teoría aceptada por todos sobre cómo pudieron realizar estas prodigiosas edificaciones. Hay quien afirma que se descolgaban desde la cima de las paredes con cuerdas. Otros sostienen que construían andamios de bambú para poder llegar hasta el lugar elegido y construir sus mausoleos. Por último, algunos estudiosos explican que llegaban a lugares más o menos accesibles y tras construir las chulpas o depositar los sarcófagos rompían las repisas naturales por las que habían subido, para que nadie pudiese llegar hasta los cuerpos de sus difuntos.

La región de Chachapoyas es muy accidentada y de exuberante vegetación. Todavía hoy se producen nuevos descubrimientos arqueológicos. Lugares escondidos en las profundas quebradas tapadas por la selva. Es un territorio casi inexplorado. Buena prueba de ello es la catarata de Gocta, la tercera más alta del mundo, que se dio a conocer en el año 2006. Se trata de un salto de agua de cerca de 800 metros de altura, que se encuentra en una gran quebrada poblada por un denso bosque nuboso, por eso la dificultad para verla. El caudal, que nuca se seca, desciende desde la cresta de un altiplano y cae en dos etapas.

Por todo el territorio Chachapoyas se encuentran sarcófagos ubicados en repisas de difícil acceso. Los más impresionantes son los de Karajia. Están colocados a unos 40 metros de altura en un farallón calcáreo. Miden unos dos metros y constan de busto y cabeza. Están decorados con dibujos geométricos. Sus rostros planos y dolicocéfalos nos recuerdan a los moai de la isla de pascua. Encima están adornados con cráneos trofeo. Siempre formaban grupos de seis u ocho sarcófagos. Se supone que primero colocaban el fardo funerario y sobre él construían el sarcófago con cañas y barro. Parece imposible que lo construyeran abajo y después los subiesen por el acantilado.

Cómo se crea una momia

Los difuntos eran sometidos a un proceso de embalsamamiento. Aplicaban hierbas y ungüentos para preservar el cadáver de las moscas que depositan sus huevos en la carne para que posteriormente eclosionen las larvas. Parece ser que los sometían a un ahumado para secar la piel. Luego, los colocaban en posición fetal y quebraban sus articulaciones para que ocupasen menos. Con una soga enrollaban el cuerpo y lo comprimían. Finalmente, lo envolvían con varias capas de lienzos. La última solía ir bordada con dibujos geométricos y un esquemático rostro humano. En la última época, influenciados por los incas, perfeccionaron el proceso de momificación. Extraían el paquete intestinal a través del recto dilatando el esfínter y colocando un tapón de tela.

Los fardos eran depositados en las chulpas funerarias a gran altura, en habitaciones de dos o tres pisos. Las fachadas de estos mausoleos eran decoradas con símbolos sagrados y en ocasiones, como en el Gran Pajaten, con tallas de madera en los que se podía apreciar claramente los genitales masculinos. Se supone que representaban a los espíritus de sus ancestros.

Sus casas, de fachadas redondas, también las construían en las laderas de las montañas, seguramente para defenderse mejor de los ataques enemigos. La ciudadela de Kuelap, la Ciudad de las Nubes, es una construcción colosal edificada al borde de un abismo de casi mil metros de altura. Con las piedras que utilizaron en su contrición se podrían erigir tres pirámides de Keops.

Para visitar los sitios arqueológicos de Chachapoyas hay que llegar a la ciudad de Chiclayo, a unos ochocientos kilómetros al norte de Lima. LAN Perú tiene dos vuelos diarios. Después, en coche o autobús por el norte, pasando por Jaén (unas 15 horas). O por el sur desde Trujillo–Cajamarca (16 horas).

Hacia la mitad del recorrido podemos hacer base en la ciudad de Chachapoyas. La otra mitad nos interesa establecernos al sur, en la ciudad de Leimebamba.

En Chachapoyas y Leimebamba podemos encontrar pequeños hoteles confortables por unos 10 o 20 euros. En las excursiones a algunos sitios arqueológicos deberemos pernoctar. Es conveniente llevar tiendas de campaña y sacos de dormir.

En los hotelitos en los que nos alojemos, pero hay que avisar para que preparen la cena. Al medio día es mejor comer de bocadillos. No hay una gran gastronomía: Pollos con arroz, frijoles, mazorcas de maíz y frutas. En las dos ciudades podemos encontrar alguna pizzería.

Desde Chachapoyas, Catarata de Gocta, sarcófagos de Lanu, sarcófagos de Karajia y ciudad de los muertos. Desde Leimebamba, Kuelap, Rivash y Laguna de los Cóndores.

En la mayoría de las localizaciones debemos aproximarnos con el coche, pero luego tenemos que andar o montar a caballo. Hay recorridos muy largos. Debemos de llevar algún machete para cortar la maleza. Cantimploras.

Documentación. Si viaja a la selva, necesitará estar vacunado contra la fiebre amarilla, el cólera y la malaria.

Clima. El mejor tiempo para visitar Perú y sus yacimientos arqueológicos es de junio a septiembre (invierno austral). Conviene llevar ropa de abrigo y para la lluvia. Al medio día hace calor, peo las noches son frías, estamos a bastante altura. Las botas de agua son baratas y fáciles de conseguir allí mismo.

Idioma. Español, quechua y aimara.

Moneda. Nuevo sol (PEN).

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