China Turistica

CHINA LA TIERRA DE LOS MIL MATICES

Nombre oficial: República Popular China
Superficie: 9.596.960 km² (de tierra firme)
Población: 1.280.000.000 hab.
Capital: Pekín (12.600.000 hab.)
Nacionalidades y etnias: 93% chino han y minorías procedentes de las regiones de Mongolia, Zhuang, Manchu y Uighur. En total suman 56 nacionalidades en el mismo territorio
Idioma: mandarín (oficial), putonghua (dialecto mandarín de Pekín), cantonés
Religión: confucionismo, budismo, taoísmo, islam (14 millones), cristianismo (7 millones)
Régimen político: república comunista
Jefe del Estado: presidente Hu Jintao
Jefe del Gobierno: primer ministro Wen Jiabao

PIB: 4,5 trillones de dólares
PIB per cápita: 3.600 dólares
Índice de crecimiento: 7,8%
Inflación: 2,8%
Principales recursos económicos: hierro, acero, carbón, maquinaria, industria automovilística, productos químicos, telecomunicaciones, industria textil
Principales socios comerciales: Estados Unidos, Japón, Alemania, Corea del Sur, Taiwan

Visados: Todos los extranjeros necesitan un visado para entrar en China, aunque actualmente los nacionales procedentes de países occidentales no lo requieren si viajan a Hong Kong y Macao. Existe una nueva política de visados que permite la entrada a Shangai a través de los aeropuertos de Pudong o Hongqiao a los visitantes de 17 países (Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Japón, Corea, Luxemburgo, Países Bajos, Nueva Zelanda, Portugal, Singapur, España y Estados Unidos) sin necesidad de un visado y para una estancia máxima de 48 horas. Se contempla la posibilidad de ampliar esta política a otras ciudades.
Condiciones sanitarias: No es obligatorio vacunarse, pero si se tiene previsto visitar zonas poco desarrolladas se aconseja hacerlo contra la hepatitis y la encefalitis japonesa. En las grandes urbes los hospitales cuentan con departamentos para extranjeros, pero en las zonas rurales la asistencia es deficitaria.
Hora local: GMT+8 (todo el país se rige por la hora de Pekín)
Electricidad: 220V, 50 AC. Los enchufes son de tres entradas angulosas, tres entradas redondas, dos entradas planas o dos entradas redondas y estrechas.
Pesos y medidas: sistema métrico

Las estaciones idóneas para visitar el país son la primavera (de marzo a abril) y el otoño (de septiembre a octubre). Las temperaturas durante el día varían entre los 20 y los 30ºC en estas épocas, pero las noches pueden ser gélidas y húmedas. Se recomienda evitar viajar a China durante las principales fiestas nacionales, ya que resulta difícil desplazarse por el país y encontrar alojamiento.
El Año Nuevo chino (o Festival de Primavera ) comienza el primer día del calendario lunar, que normalmente coincide con febrero. Aunque oficialmente sólo dura tres días, la mayoría lo festejan durante una semana. En esos días, el ruido de los petardos es ensordecedor y el precio del alojamiento también se dispara. El Festival de los Faroles no es día de fiesta nacional, pero sí un gran festival repleto de colorido. Se celebra el decimoquinto día de la primera luna (entre mediados de febrero y mediados de marzo) y marca el final de las celebraciones del nuevo año. En este período se representa la famosa danza del león. El Ching Ming (o el Día del Barrido de Tumbas) se conmemora en abril; las familias lo dedican a atender las tumbas de los seres queridos. En junio tiene lugar en Hong Kong una de las celebraciones anuales más animadas del país, el Festival de los barcos dragón, en honor al poeta Wut Yuan, que se caracteriza por las carreras entre equipos en largas canoas decoradas. Algunos occidentales participan en esta competición, pero se necesita mucha práctica para sincronizar los movimientos de todos los remadores.

Durante los días de luna llena, creciente y menguante, se pronuncian oraciones especiales en los templos budistas y taoístas. Entre las festividades relacionadas con los templos y la luna, destaca el Cumpleaños de Guanyin (de finales de marzo a finales de abril), el Aniversario de Mazu (mayo o junio), el Festival del Agua (del 13 al 15 de abril), el Mes de los Fantasmas (de finales de agosto a finales de septiembre), el Festival de la Luna de Mediados de Otoño (octubre) y el Cumpleaños de Confucio (el 28 de septiembre).
Moneda
Renminbi. La unidad básica es el yuan.

Comidas
· Presupuesto bajo: entre 1 y 2 dólares
· Presupuesto medio: entre 5 y 10 dólares
· Presupuesto alto: a partir de 10 dólares

Alojamiento

· Presupuesto bajo: entre 25 y 35 dólares (al este de China), entre 5 y 12 dólares (al oeste de China)
· Presupuesto medio: entre 35 y 100 dólares
· Presupuesto alto: a partir de 100 dólares

La parte oriental de China es más cara que la occidental. El presupuesto medio diario para la zona este puede ajustarse a 50 dólares estadounidenses. Sin embargo, si se visita la zona oeste, el presupuesto diario no tiene por qué superar los 25 dólares. El mayor gasto vendrá ocasionado por los largos viajes en tren. Comer no es caro en China, y si se es cuidadoso no se gastarán más de 7 dólares por jornada. El contrapunto lo pone el cobro al viajero del precio turístico, una práctica que anima a realizar el propio gobierno.

Se aconseja llevar dólares. La moneda extranjera y los cheques de viaje se pueden canjear en las principales sucursales del Banco de China, en los hoteles, en las tiendas de la amistad y en los grandes almacenes. Los establecimientos hoteleros, por lo general, ofrecen el tipo de cambio oficial. Es necesario guardar los recibos de las operaciones efectuadas para poder cambiar al final de la estancia los renminbi sobrantes. Se aconseja llevar cheques de viaje, porque el tipo de cambio que se les aplica es mejor que el del dinero en metálico. Los más comunes son Thomas Cook, American Express y Bank of America.

La utilización de tarjetas de crédito está ganando terreno en China; las más difundidas son la Visa, MasterCard, American Express (sucursales de Pekín, Shangai, Guangzhou y Xiamen), JCB y Diners Club. Los hoteles de categoría media a alta aceptan las tarjetas de crédito como medio de pago, al igual que las tiendas de la amistad y los grandes almacenes, pero no se podrán pagar los billetes de viaje con tarjeta. En las principales oficinas del Banco de China, se puede retirar dinero en metálico con la tarjeta de crédito con una comisión del 4%. En China, no es costumbre dejar propina, pero sí es habitual el regateo en tiendas, puestos callejeros y hoteles, aunque nunca en los grandes almacenes.

Pekín

Como capital del país, Pekín ensombrece al resto de China. Independientemente de la hora marcada por los meridianos, la suya es la hora oficial que siguen todos. El dialecto de la ciudad, el putonghua, se habla por todo el país, e incluso lugares tan remotos como el Tíbet y ürümqi se ven obligados a dirigirse al gobierno central para solucionar cualquier asunto. Pekín es en realidad la pieza clave de la República Popular China, con largos y rectos bulevares entrecruzados por carriles. Los focos de interés localizados en las avenidas son fáciles de encontrar, pero los que se encuentran escondidos en las callejuelas adyacentes son prácticamente imposibles de hallar. El corazón de la ciudad fue en un tiempo un recinto amurallado y aún conserva su antigua simetría, basada en un eje que la cruza de Norte a Sur y que atraviesa la entrada principal de Qianmen.
Shanghai

Tachada de ser La prostituta del Este, El París de la China o La perla de Oriente, Shangai simboliza desde hace mucho el abuso de Occidente sobre Oriente. En los años posteriores a 1949, su llamativo pasado y su aspecto extranjero supusieron una mancha permanente para la mentalidad de la República Popular China. La ciudad está dividida en dos por el río Huangpu, y la mayoría de los lugares de interés se encuentran en Puxi. Se dice que en la ciudad habitan la mitad de las grullas del mundo y, a juzgar por la imagen de su horizonte, esta afirmación debe ser cierta. La mejor época para visitar la ciudad es el otoño y la primavera, ya que el invierno y el verano soportan temperaturas extremas. Shangai se encuentra a 15 horas en tren de Pekín.
Hong Kong

El dinamismo que desprende Hong Kong es difícil de olvidar. Desde el ventajoso emplazamiento del pico de la Victoria, se divisa el puerto más bullicioso del mundo y una ciudad no sólo destinada a hacer dinero, sino también una ciudad que disfruta haciéndolo. Por la noche, es como asomarse a un volcán. A pesar de su pasado colonial, Hong Kong ha estado siempre apegada a sus raíces, y la cultura que se esconde bajo tanta ostentación es puramente china. Esto no evitó, sin embargo, que sus ciudadanos se sintieran un tanto recelosos con la idea de la reunificación de la ciudad con China tras la devolución británica en 1997, sentimiento que hoy en día prácticamente se ha erradicado. Los visitantes requieren unos cuantos días en Hong Kong para acostumbrarse a su ritmo de vida vertiginoso. Si se necesita un respiro, se recomienda visitar las islas Outlying, un completo cambio de tiempo y escenario. El viaje en tren desde Pekín dura 30 horas. Obviamente, el avión es más rápido, pero el precio del billete sería tan elevado como el de un viaje entre Hong Kong y Los Ángeles.
Xi’an

Xi’an fue en su día un importante cruce de caminos de las rutas comerciales entre China oriental y Asia central; incluso hubo un tiempo en que rivalizó con Roma y, más tarde, con Constantinopla, por el título de la ciudad más poderosa del mundo. Hoy en día es uno de los principales puntos de interés, en parte debido al ejército de guerreros de terracota descubierto en las afueras, al este de la urbe. Las excavaciones se iniciaron en 1974, y hasta la fecha se han clasificado más de diez mil figuras. Enterrados en panteones, se han hallado soldados, arqueros portando armas reales y carros en formación de batalla, con un aspecto tan fiero y real como la cerámica pueda permitir. Otros de los atractivos de la localidad son sus murallas, el barrio musulmán y el pueblo neolítico de Banpo, una recreación de la Prehistoria. Xi’an se encuentra a 16 horas en tren de Pekín. Si se dispone de dinero en metálico, un vuelo cuesta alrededor de 120 dólares.
Macao

Desde que los primeros galeones portugueses arribaron a su costa en los albores del siglo XV, la ciudad de Macao se ha convertido en un memorable lugar de encuentros de culturas. Su símbolo es San Pablo, la espectacular y desmoronada fachada de una catedral diseñada por un italiano, edificada por japoneses para uso de los portugueses y casi destruida por un tifón chino. Desde el monte Fort, se disfruta de unas bellas vistas de esta compacta urbe, y en el fuerte Guia se puede visitar una rústica capilla del siglo XVII y el faro más antiguo de la costa china. El lugar de culto con más con más solera, aún activo, es el templo Kun Iam, con más de cuatrocientos años de antigüedad, dedicado a la reina del cielo y diosa de la piedad. A todo esto hay que añadir una fantástica combinación de cocina portuguesa y china, una ajetreada vida nocturna, centrada en el casino, y un entramado de calles adoquinadas y plazas sombreadas, el antídoto perfecto para reponerse de Hong Kong y del resto del país. Macao se encuentra a 65 km por mar de Hong Kong.
La bicicleta es el símbolo oficioso de China; con más de 300 millones en circulación, no habrá problema para alquilar desde un antiguo y desvencijado modelo local hasta una bicicleta de montaña con velocidades. Incluso en las ciudades que no reciben la visita de muchos turistas existen tiendas de alquiler para los propios chinos de paso por la ciudad. Las rutas ciclistas cuentan con gran aceptación en el país; por ello, muchas agencias de viaje, tanto chinas como occidentales, ofrecen entre sus programas excursiones con diversos circuitos. Acampar a lo largo de la ruta ciclista es también una opción, siempre que se encuentre un hueco libre.

Si no fuera por la cantidad de permisos exigidos, habría una gran avalancha de visitas al país para practicar el alpinismo, el descenso de rápidos, el ala delta y otros deportes de aventura. En vez de eso, lo más probable es encontrar montañas desiertas. Al menos los senderistas pueden ir por el país sin necesidad de permisos, ya que no requieren de mucho equipo. Las posibilidades de realizar senderismo para personas más preparadas físicamente se limitan a los senderos acotados con barandillas, con escalones y plagados de puestos ambulantes y de restaurantes. La solución es ir por debajo de la superficie y hacer divertidas excursiones a cuevas, en especial en las provincias del suroeste del país, aunque para ello haya que empaparse y ensuciarse.

En Mongolia central y en los desiertos que rodean Dunhuang (provincia de Gansu), los paseos en camellos son usuales. Dedicar el día a montar a caballo por las colinas de Xinjiang y por la zona oeste de Pekín puede ser también una actividad interesante. El invierno brinda la opción de practicar patinaje sobre hielo en la zona de lagos de Pekín, además del esquí (descenso y esquí de fondo) en las provincias del noroeste del país. A los occidentales con un número de pie grande se les recomienda llevar sus propias botas de esquí.

Otra actividad más relajada es la del taichi, una popular forma de ejercicio de movimientos lentos que se practica en casi todos los parques del país a primera hora de la mañana y en la que los principiantes siempre son bienvenidos. Para ejercitar el cerebro, se recomienda alguno de los cursos que organizan la mayoría de las universidades para estudiantes extranjeros; entre sus asignaturas ofrecen lengua china, medicina china, acupuntura, pintura con pincel y música.
La caligrafía ha sido considerada tradicionalmente como la forma de arte visual más elevada de China, hasta el punto de juzgarse el carácter de una persona por la elegancia de su escritura. Por todo el país pueden apreciarse ejemplos de caligrafía decorativa en templos, paredes de cuevas, laderas de montañas y monumentos. Los instrumentos básicos de la caligrafía, el pincel y la tinta, son también las herramientas de la pintura china, en la que los únicos elementos relevantes son el trazado de la línea y el tono.

A pesar de los estragos del tiempo, la guerra y las ideologías, desde el punto de vista arquitectónico aún hay mucho por ver. Entre los restos del pasado, figuran las construcciones imperiales de Pekín, los edificios coloniales de Shangai, algún que otro pueblo y templos budistas, confucionistas y taoístas. El arte funerario ya era característico de la cultura china desde el neolítico (9000-6000 a.C.) y abarcaba desde vasijas rituales y armas hasta figuras de cerámica, jade y recipientes de sacrificio elaborados en bronce. La producción de alfarería es casi igual de antigua, y en ella destaca el primer prototipo de porcelana del mundo, realizado en el siglo VI d.C. en China, que alcanzó su máximo esplendor artístico bajo el reinado de la dinastía Song.

El idioma oficial de China es el mandarín, tal y como se habla en la capital; se denomina putonghua. Alrededor del 70% de la población lo utiliza, pero existen multitud de dialectos y dialectos dentro de dialectos escasamente inteligibles entre sí. De las siete variedades principales, el cantonés es el más común entre los chinos residentes en otros países, además de ser la lengua franca de Guangdong, al sur de Guangxi, Hong Kong y, hasta cierto punto, Macao.

El patrimonio literario chino es inmenso pero, desgraciadamente, inasequible para los lectores occidentales debido a la imposibilidad de su traducción. Tradicionalmente, existen dos formas: la clásica, principalmente confuciana, y la vernácula, como las épicas en prosa de la dinastía Ming. Al teatro chino se lo denomina también ópera, por la importancia que desempeña la música en el mismo, y ha dado lugar a una amplia variedad de estilos artísticos tales como la acrobacia, las artes marciales y la danza. Muchos cinéfilos occidentales son admiradores del cine chino, cuyas producciones se exhiben con gran éxito en los festivales de cine y en las salas alternativas. En los últimos años, ha surgido un grupo de directores de quinta generación de gran talento, posteriores a la Revolución Cultural, entre los que sobresalen Zhang Yimou (Sorgo Rojo), Chen Kaige (Adiós a mi concubina), Wu Ziniu y Tian Zhuangzhuang. No hay que olvidar a los directores de cine de acción de mezcla oriental y occidental de Hong Kong, como John Woo (Hard Boiled) y Ringo Lam (Full Contact), con los que se completa la madura e insigne industria del cine chino.

La gastronomía china es merecidamente famosa; a pesar de su gran variedad, no es recomendable para los escrupulosos. La cocina china consiste en crear platos ingeniosos con un número limitado de ingredientes. Podemos encontrar cuatro estilos gastronómicos regionales: Beijing/mandarín y Shandong, con pan y tallarines cocidos al vapor como productos de primera necesidad; cantonesa y Chaozhou, carne y verduras poco cocinadas; Shangai, cuna de la cocina roja y de las costillas de cerdo wuxi; y Sichuan, comida muy condimentada y con abundante chile. El té es la bebida sin alcohol más común, aunque los refrescos de cola están ganando adeptos; la cerveza es, con diferencia, la bebida alcohólica más popular. El “vino” es un término bastante amplio que incluye brebajes oxidados y de hierbas, vino de arroz, y vino con lagartos, abejas o serpientes en adobo. Otra de las bebidas alcohólicas favoritas es el maotai, una bebida muy fuerte a base de sorgo, cuyo olor se asemeja al alcohol de 96º.
China, el tercer país más grande del mundo, está rodeada al Norte por los desiertos de Mongolia, al Oeste por la meseta tibetana y la cordillera del Himalaya, y al Este por el mar de la China Oriental y el mar de la China Meridional. Desde Pekín, se gobiernan las 22 provincias y las cinco regiones autónomas del país, del mismo modo que las 5.000 islas existentes. Hong Kong y Macao han vuelto a formar parte del país como Regiones Administrativas Especiales (RAE). La costa sureste está salpicada de territorios disputados; el más conocido, Taiwán. También destaca el grupo formado por las islas Spratly, ricas en petróleo, que todos los países de la región ansían explotar; las islas Diaoyutai, conocidas como Senkaku por los japoneses; las Paracels o Xisha para los chinos; y las Pescadores o Penghu.

La variada topografía china incluye desde elevadas montañas hasta monótonas llanuras. La altitud del terreno pasa del conocido techo del mundo del Tíbet, al Oeste, a la meseta de Mongolia central, en dirección Este hacia las llanuras del valle del río Yangzi. La meseta de Yunnan-Guizhbou, al Suroeste, presenta un terreno lacerado donde abundan los rápidos en cañones, las cascadas de agua, las cuevas subterráneas y las cumbres de roca caliza, lo que la convierte en una de las regiones más espectaculares. En el interior son notorios los lagos de agua salada del desierto de Taklamakan y la depresión de Turpan, la región más cálida del país, conocida como el oasis de fuego. El deshielo de la nieve procedente de las montañas del oeste del país y de la meseta tibetana alimenta los ríos Yangzi, Amarillo, Mekong y Salween.

Dada la extensión del país, es lógico que existan una flora y una fauna muy variada. Por desgracia, gran parte del patrimonio natural de China se halla en peligro de extinción o ya ha desaparecido, debido a la destrucción del hábitat en beneficio de la agricultura, la urbanización y la industria. Entre los escasos animales endémicos del país, figuran el oso panda, el leopardo de nieve, el elefante, la oveja argali, el yac salvaje, el reno, el alce, el almizclero, el oso, la cebellina y el tigre. En los más de trescientos lagos y reservas naturales del país habitan grullas, patos, avutardas, garcetas, cisnes y garzas. La flora no se ha resentido tanto por la alta densidad de población como por la deforestación, el pastoreo y el cultivo intensivo. Las últimas grandes zonas forestales se localizan en la región subártica del Noroeste, cerca de la frontera rusa, mientras que la zona tropical sur alberga la mayor variedad de plantas del país, incluida la selva tropical. Entre las múltiples plantas de utilidad, destacan el bambú, el ginseng, la angélica y la fritilaria.

El clima de China oscila entre extremadamente frío o caluroso, con toda una variedad entre medias. Las temperaturas en el Norte pueden descender a los -40ºC en invierno (de diciembre a marzo) y alcanzar los 38°C en verano (de mayo a agosto). La zona del valle central del río Yangzi también experimenta temperaturas extremas entre estaciones. En la zona meridional el verano, húmedo y caluroso, dura de abril a septiembre y, al igual que en el norte del país, coincide con la estación lluviosa. Los tifones pueden arrasar la costa sureste de China entre julio y septiembre. El Noroeste presenta veranos calurosos y secos, y en ella se encuentra el lugar más tórrido del país, Turpan, que ronda los 47ºC. Allí, al igual que en el resto del norte de China, los inviernos son realmente fríos.
A pesar de superarse los 115 puertos de entrada y salida al país, los visitantes acceden a él vía Hong Kong o Shangai. La compañía aérea nacional es la Civil Aviation Administration of China (CAAC, conocida en las rutas internacionales como Air China), pero también opera otra compañía llamada Dragonair, un proyecto conjunto con la línea aérea de Hong Kong, Cathay Pacific (las reservas se efectúan a través de la Cathay Pacific). Las tasas de aeropuerto por despegue son de 90 yuanes (11 dólares), que han de abonarse en moneda local, por lo que se aconseja portar suficiente dinero en yuanes y evitar así cualquier imprevisto de última hora.

Es posible viajar a China desde Europa o Asia (y viceversa) sin abandonar tierra firme. Entre las rutas exóticas figuran Vietnam-China, el ferrocarril transiberiano, Tíbet-Nepal, Xinjiang-Pakistán y Xinjiang-Kazajistán; bajo ningún concepto debe considerarse la idea de viajar en coche, ya que a los extranjeros rara vez se les permite conducir por el país. Otros enclaves de acceso a China son Zhuhai-Macao, Kashgar-Islamabad (Pakistán), a través de la autopista de Karakoram, Urumqi-Almaty (Kazajistán), Kashgar-Bishkek (Kyrgyzstán). Pekín-Pyongyang (Corea del Norte) y Pinxiang/Hekou-Dong Dang/Lao Cai (Vietnam). Del mismo modo es posible entrar al país en un lento barco desde Japón o Corea del Sur. Los puertos más comunes para desplazarse en barco son Shangai, Xiamen (frente a Taiwán), Tanggu (cerca de Tianjin), Macao y, por supuesto, Hong Kong.
Ahora que se ha permitido que las compañías aéreas privadas operen en China, la CAAC ha asumido el papel de organización paraguas sobre otras compañías, incluidas China Eastern, China Southern, China Northern, Great Wall, Yunnan Airlines, entre otras. No existen descuentos, independientemente de donde se adquiera el billete; el viajero deberá asumir el pago de las elevadas comisiones de las agencias. Las tasas de aeropuerto de 50 yuanes se aplican a los vuelos nacionales.

Los autobuses de larga distancia son el medio ideal para desplazarse por el país. Salen con frecuencia y resultan baratos, por contra se hallan atestados de gente y mal ventilados; pero cubren una amplia gama de destinos. Las carreteras son transitables, y hay infinidad de ciudades y pueblos interesantes en las rutas. Una forma de viajar aún mejor es el tren, que llega a cada una de las provincias, a excepción del Tíbet, y cubre más de 52.000 km. Es un medio de transporte económico y relativamente rápido.

Conforme se incrementa el nivel del servicio del transporte por tierra, van desapareciendo los días románticos de los viajes en barco. Aún así, todavía son factibles los viajes en barco entre Hong Kong y tierra firme. El más renombrado es el crucero de tres días de duración a lo largo del río Yangzi, entre Chongqing y Wuhan.

Los taxis no circulan por las calles en busca de viajeros, salvo en las metrópolis, y, aunque la mayoría llevan taxímetro, éste se activa en contadas ocasiones. Los taxis-motocicletas, los triciclos a motor y los taxis a pedales abundan en las principales estaciones de tren y autobús. Hay disponible una gran variedad, siendo económicos y útiles, siempre que a uno no le afecten las subidas de adrenalina ocasionadas por el tráfico. Una vez que el viajero se haya alojado, lo aconsejable es desplazarse en bicicleta alquilada y dejarse llevar por la corriente.
· Breve introducción a la República de China, Oficina de Información del Gobierno, Madrid, 1999
· Amnistía Internacional: China, la plaza de Tiananmen. La matanza de junio de 1989 y sus consecuencias, EDAI, Madrid, 1990
· Li, Zhisui: La vida privada del presidente Mao, Editorial Planeta, Barcelona, 1995
· Franz, Uli: Deng Xiaoping, reformador de China, El País-Aguilar, Madrid, 1988
· Grimm, Tilmann: Mao Zedong, Salvat Editores, Barcelona, 1995
· Lattimore, Owen y Eleanor: Breve historia de China, Espasa-Calpe, Madrid, 1966
· Schmidt-Glintzer, Helwig: Antigua China, Acento Editorial, Madrid, 2001
· Chang, Jung: Cisnes salvajes: tres hijas de China, Circe Ediciones, Barcelona, 2003
· Cheng, Nien: La dama de Shangai, Ediciones Martínez Roca, Madrid, 1998
· Spence, Jonathan: El palacio de la memoria de Mateo Ricci: un jesuita en la China del siglo XVI, Tusquets editores, Barcelona, 2002
· Fairbank, John King: China, una nueva historia, Editorial Andrés Bello, Barcelona, 1997

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